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Fuentes de Mana - La hora más oscura

Joaquín nos cuenta sobre los distintos tipos de motivación y la importancia que tiene a la hora de jugar.
Hace ya varios días estoy con ganas de escribir un artículo un poco más dedicado al juego mental y físico y no tanto al juego técnico. 

Este es uno de los aspectos más dejados de lado dentro de las Magic, pese a ser igual de importante que otros como el juego técnico o leer bien un metagame. 

La voluntad de escribir sobre este tópico en particular surge de mi propia experiencia personal durante los últimos meses y la relación que he tenido con las Magic en ese periodo.

Etapa 1 (Buenos Aires):

Para ponerlos en contexto, hace algunos meses decidí mudarme de ciudad y de país, de Montevideo a Buenos Aires. Motivado por el amor y la aventura, di un giro de 180° y me fui a vivir con mi novia a su ciudad natal. Este fue sin duda el cambio más radical que realicé en toda mi vida: nueva ciudad, nuevo país, nueva casa, nuevo trabajo, vivir con mi novia, no vivir más en la casa de mis padres; todo esto era a la misma vez muy alentador y muy atemorizante. 

Si bien entre mis motivos principales no se encontraba jugar Magic, estaba latente la idea de que, al mudarme de Montevideo a Buenos Aires, iba a tener la posibilidad de jugar una gran cantidad de torneos a los que antes no tenía acceso; pasar de tener un PPTQ por temporada a tener 15 o más era un cambio muy alentador en lo que al juego respecta. Mi motivación era particularmente alta, ya que realmente tenía muchas ganas de jugar esos torneos y ponerme a tiro con el Magic en Buenos Aires para intentar clasificar a un Pro Tour (o al menos eso creía).

Durante los primeros días y semanas jugué varios torneos en varias tiendas, jugué PPTQs tanto Limited como Standard en varias ocasiones, yendo a distintos locales. Sin embargo, se repetía la misma historia una y otra vez: pese a estar motivado, pese a buscar, armar y conseguir los mazos que creía serían mejores para ganar, siempre me terminaba yendo a casa con un 1-2 o un 0-2 y un sabor bastante amargo. No lograba comprender cómo pese a estar tan motivado y con tantas ganas de jugar, eso no se veía reflejado positivamente en mis resultados.

Pasaron varias semanas hasta que algo hizo clic y logré pensar de otra manera. Un fin de semana en Montevideo había dos torneos muy buenos para jugar, así que decidí ir. Ambos eran Modern y por tanto simplemente agarré uno de los dos mazos que tengo completos, armé la mochila y me fui a jugar a mi ciudad. Sin haber testeado casi nada y jugando tranquilo, logré llegar a la final de uno de esos dos torneos sin mayores complicaciones.

¿Cuál fue la diferencia? 
Podría simplemente decir que fue varianza y que a veces se gana y a veces se pierde. Para mí la respuesta es otra, y acá es que entra la hermosa y divergente motivación. 

En Buenos Aires yo creía estar motivado para jugar, y seguramente lo estuviera, pero la realidad es que mi cabeza no estaba pensando en Magic, sino en todo lo que les comenté anteriormente: mi nuevo trabajo, mi nueva casa, mi nueva vida, ser feliz con mi novia, pagar las cuentas y mucho más. Por más motivación que yo tuviera por jugar y  ganar partidos de Magic, al final del día mi cabeza y mis pensamientos tenían otro destino más allá de las cartas. Yendo al ejemplo de los torneos en Montevideo, a diferencia de la situación en Buenos Aires, mis preocupaciones eran nulas. El motivo del viaje era efectivamente jugar a las Magic y ver a mis amigos. Al estar jugando el torneo, podía concentrarme en cada partido, ronda a ronda y jugar lo mejor posible. Con esto no quiero decir que cuando jugaba en Argentina me ponía a pensar en pagar las cuentas entre que bajaba un Mox y un Ornitóptero, pero sin dudas mi motivación y mi rendimiento se veían afectados por el entorno. 

Un punto muy interesante a destacar es que creo que, al jugar en Argentina, mi motivación no era del todo “noble” por así decirlo, estaba jugando con el afán de ganar y no así con el afán de disfrutar los partidos y pasar un buen rato. Eso es algo súper importante, ya que la presión y las expectativas arrojadas sobre cada partido son diferentes a, por ejemplo, cuando fui a jugar los torneos en Montevideo, que simplemente fui a jugarlos por diversión y para pasar un buen rato con mis amigos.

En aquel momento yo aún no había logrado razonar todo esto que escribo hoy y simplemente adjudiqué el buen resultado a que sabía jugar mi mazo y estaba relajado y en un buen estado de ánimo.

Etapa 2 (de regreso a Montevideo):
Luego de varios meses en Buenos Aires, tomé la difícil decisión de volver a Montevideo: no me estaba sintiendo cómodo con mi situación y extrañaba mucho mi ciudad, mi familia y mis amigos, y desafortunadamente no encontré todo lo que buscaba al irme. 

Las primeras semanas de vuelta en Montevideo fueron Magic, Magic y más Magic. En unas semanas se jugaría el Nacional y, ya que no tenía aún que trabajar ni que estudiar, dediqué ese tiempo a prepararme para el torneo. La motivación en ese momento era particularmente alta, porque no tenía mucho dándome vueltas en la cabeza, estaba muy tranquilo y, si bien estaba buscando un buen resultado, lo que me motivaba era volver a jugar torneos con mis amigos y en los lugares en donde siempre disfruté jugando. Esa motivación se vio reflejada en el torneo, en el que logré un buen resultado, haciendo top 8 con un mazo que no estaba particularmente bien parado en el metagame. Podría haber sido distinto el resultado y haber perdido pese a estar motivado, pero creo que sin la motivación correcta es muy complicado poder meter buenos resultados. A qué me refiero con motivación correcta, a un concepto que, si bien ya había leído anteriormente, refresqué en mi cabeza hace algunas semanas al leer un artículo en ChannelFireball en el cual Will Jonathan (psicólogo deportivo) habla sobre dos tipos de motivación, la intrínseca y la extrínseca


La primera surge de nosotros mismos, de intentar superarnos, de querer pasar un buen rato y divertirnos, de jugar por el hecho de disfrutar el momento. La extrínseca, por otro lado, surge de motivos exteriores, como por ejemplo querer ganar un torneo, un trofeo, el reconocimiento de nuestros pares o plata. Durante mi estadía en Buenos Aires, mi motivación era totalmente extrínseca, no estaba jugando para mejorar o para disfrutar, solo pensaba en ganar partidos.

Luego del Nacional y ya habiendo pasado más de un mes desde mi regreso a Montevideo, varios asuntos volvían a dar vueltas en mi cabeza: tenía que empezar a moverme nuevamente y conseguir un trabajo, tenía que ver qué estudiar y, lo más importante y atrapante de todo, estaba pasando por un duro momento en mi relación. El haberme vuelto, sumado a la distancia, hacía que todo fuera muy complicado y eso se vio altamente reflejado en mi estado de ánimo y en mi motivación. Ya no tenía tantas ganas de jugar pese a que me había ido bien en el Nacional y en Mol había hecho una gran cantidad de tickets en cuestión de semanas. La motivación simplemente no estaba.
 
Dicho esto, durante todo ese período las Magic seguían siendo mi juego favorito en el mundo y mi manera de “escaparme” por un rato de todo, no tenía ganas de dejar de jugar aunque no estaba particularmente motivado. Esto puede sonar como un entreverado acertijo y así me sonó a mí por varias semanas, ¿Cómo puede ser que no tenga ganas de jugar, pero al mismo tiempo tenga muchas ganas de jugar? Con esa pregunta dando vueltas en mi cabeza, un día llegué a un artículo en Channelfireball escrito por W. Jonathan que hablaba sobre la motivación. 


En este artículo, Jonathan explica un concepto muy importante y en el cual yo no me había detenido a pensar: la motivación no se pierde, no desaparece, simplemente se reasigna a otras tareas, actividades o pensamientos que nuestro cerebro entiende como más importantes. En Buenos Aires, mi cabeza estaba en esa nueva vida que estaba viviendo y en todas las responsabilidades que debía cumplir, por tanto mi motivación estaba allí, en cumplir esas responsabilidades y lograr las metas que me había propuesto. 

Ya de vuelta en Montevideo, las primeras semanas mi motivación estaba puesta en el Nacional únicamente, mientras que unas semanas más tarde esa motivación había sido asignada a resolver mis problemas de pareja y mi situación laboral; por tanto, pese a que me seguía encantando jugar a las Magic, no tenía la motivación necesaria para ganar, jugaba los partidos con pocas ganas y casi en piloto automático, cometiendo así errores que usualmente no sucederían. Esto se vio reflejado durante varios meses en mi juego: luego de haber hecho Top 8 en el nacional y de haber hecho 76-23 en rondas de Magic Online jugando Burn, pasé a no lograr hacer más que un mísero 1-2 o 2-2 en MOL y a no poder ganar más de dos rondas en un torneo físico por más de dos meses. Una bajada tan abrupta de mis resultados hacía que mi motivación se esfumara más de las Magic y se fuera a otros lugares, por ejemplo a mirar una serie de Netflix en vez de jugar una liga. Afortunadamente, las ganas de jugar Magic volvían luego de uno o dos capítulos.

Creo que lo más destacable de este proceso fue el lograr reconocer la razón por la cual, pese a perder tantos partidos, seguía teniendo ganas de ir y jugar. La motivación es fundamental en nuestra habilidad de ganar, ya sea en Magic, en golf, en fútbol o en la competición que a ustedes más les guste, y es importante no dejar de hacer algo que nos gusta y nos hace bien solo porque los resultados no están siendo los que queremos. Lo importante es encontrar eventualmente la motivación correcta, la que nos ayudará a lograr sentirnos bien y realizados a la hora de hacer cualquier cosa que nos guste. Como explica en su artículo W. Jonathan,  el dejar de jugar simplemente porque no estamos motivados no nos va a ayudar a largo plazo a estar efectivamente motivados. Quizás dejamos de jugar tres meses y al volver tengamos muchas ganas de jugar, pero, si no logramos ver la razón primaria por la cual esa motivación había sido canalizada hacia otro lugar, nunca vamos a lograr recuperarla del todo. 

Mi consejo es entonces que no se dejen desanimar por los resultados: si el juego los hace felices y los divierte, algún día los resultados van a llegar, no dejen de jugar solo por falta de resultados, va a ser mucho mejor y más eficiente el intentar entender hacia dónde se fue esa motivación, ese deseo que nos ayudaba a ganar y cuál es la razón por la cual lo canalizamos hacia otro lugar. Quizás, como en mi caso, lo que se llevó esa motivación es algo que nada tiene que ver con Magic y eventualmente, cuando se puedan acomodar esos asuntos, los resultados van a volver. Quizás para otra persona esa motivación se fue a otro juego como el Poker o Hearthstone y se dan cuenta que en realidad prefieren hacer eso a jugar Magic. Creo que lo importante es lograr entendernos a nosotros mismos y poder luego actuar en base a eso.

¡No pierdan la motivación, rediríjanla!